Un día más... eso pensé cuando un domingo me desperté después de otra noche sin sustancia, otra noche igual que al resto de estos últimos meses o incluso años. Misma sensación de vacío, misma sensación de vértigo, de no saber a dónde ir, de querer escapar de una monotonía insaciable, de correr y correr hasta llegar al fin del mundo y gritar: ¡Estoy perdido!
Llevaba años con esa sensación metida en mi pecho, en mi cabeza... Estaba perdido porque no me comprendía a mi mismo, porque quizás no sabía qué es lo que quería, qué era lo que buscaba... ¿estabilidad o la total locura? Ojalá existiese esa mezcla para poder sentirme bien. Durante un tiempoo estuve buscando la estabilidad emocional, un esfuerzo perdido. nadie podía ofrecerme lo que con tanto énfasis necesitaba... Citas a ciegas, minutos perdidos, noches de bar, algunas de cama y yo seguía sintiéndome vacío.
Alguna vez intenté ilusionarme frustradamente, realmente me obligaba a mí mismo a aguantar cualquier cosa con tal de no sentirme solo. Una soledad que poco a poco yo fui escogiendo. Me sentía extraño, ¿por qué yo no puedo ser feliz? Era la pregunta que me hacía dentro de mí... ¿Por qué tanta superficialidad? ¿Por qué tanto egocentrismo? Llegué a pensar que no existía nadie dispuesto a compartir su lado más íntimo, su esencia... Que era normal construir un bloque de cemento para que nadie pudiera atraversarlo. Y así lo hice.
Entonces dejé de buscar esa estabilidad utópica y fui directo a la total locura. Mi vida comenzó a ser un caos, quería sentirme fuerte, quería descubrir esa parte superficial que está tan de moda, quería divertirme, no pensar en nada, aprovechar esos momentos de vacío para llenarlos con mierda, con personas que no quería estar, con momentos de alegría falsa... usé las noches para construir esa nueva personalidad que no me aportaría nada...
me dejé llevar por la nada... olvidé mi vida, mis ilusiones, mis sueños... apenas escribía, la música la transformé en un ruido insoportable, mis días eran iguales, cansados, repetitivos, amargos... Ni siquiera mis amigos o mi familia podía suplir esa sensación de pérdida, de abismo... ¿Hacia dónde iba?
Poco a poco fui descubriendo que durante muchos años he sido un auténtico cobarde por no enfrentarme a mis miedos, por no haber sabido aprovechar esos momentos de soledad para encontrarme a mí mismo, por estar contento con lo que soy...
Perdí la fe en las personas, odiaba lo material, el dinero, la gente me provocaba rechazo. Caminaba por la calle y solo veía a moles de personas caminando sin nada que decir, sus miradas eran oscuras, tristes... frías... Odiaba eso. Estaba convencido que jamás encontraría a alguien que se pareciese un poco a mí, que supiera disfrutar de esas pequeñas cosas, de los detalles de la vida, de una mirada o un simple roce con la mano. Entonces se quedó en un sueño.
Mis noches se volvieron rancias, sin sabor... y mis días los intentaba llevar de la mejor manera posible... En el fondo no habñia perdido del todo la esperanza... al menos me quedaban mis sueños... Al menos conservaba mi imaginación, mi creatividad, empecé a usar mi locura para poder continuar vivo, para poder seguir sintiendo. Eran mis únicas reservas para poder subsistir...
Hasta ese domingo.
Ese domingo en el que como tantas veces me senté frente al ordenador para sumergirme en otros mundos, para evadirme de la realidad... pero sin ninguna expectativa de que allí fuera a encontrar a la persona que me cambiaría la forma de ver el mundo.
Solo bastaron siete horas para darme cuenta de que la persona que yo tanto busqué existía. Era real, estaba ahí, en algún lugar del mundo... lejos, pero estaba,.
Al principio sentí incredulidad... supongo que era el miedo de enfrentarme a la realidad, la realidad de mis sueños... Estaba ahí, mediante íbamos hablando yo iba creciendo, la esperanza apareció de golpe y confié en que esta vez sería la verdadera. Algo me decía que no me estaba equivocando... Siempre pensé que hay una persona perfecta para cada uno, algunos nunca llegan a encontrarla, otros como yo, sí que lo hacemos. Y a pesar de la distancia pasajera, se que voy a poder compartir mi mundo con ella.
Lo sé porque en apenas unos días se ha convertido en un trozo de mí, en alguien necesario para continuar, lo sé por sus palabras, porque confío en él, porque es especial, porque ha hecho de mis días momentos mágicos, porque gracias a él he vuelto a confiar en la vida, en la bondad, en las buenas energías... porque con solo oír su voz mi corazón da un vuelco y late con más fuerza. Porque quiero que esté conmigo, porque su sonrisa es la más bonita del mundo y su mirada me hace soñar.
Simplemente lo sé.
Y ahora, mi sueño, es poder rozarle la mano cuando esté a mi lado.
Lo conseguiremos.
viernes, 30 de octubre de 2009
domingo, 30 de agosto de 2009
Another World
Peter se levantó un día más con intención de salir a volar como hacía siempre. Se vistió, se preparó, puso sus pies en el alféizar de la ventana y antes de ponerse en marcha algo le hizo detenerse... El cielo... Tenía un color diferente, no era azul como siempre, tenía otros tonos más rosados, verdosos... era una maezcla de colores dificil de descifrar, quizás un color que jamás antes había visto, pero no le dio demasiada importancia. Extendió sus brazos y cuando iba a tomar impulso... otra cosa le detuvo... El olor... El aire tenía otra fragancia, no olía a contaminación como de costumbre, en ese momento su olfato descubría nuevos olores, cerró los ojos y los disfrutó uno por uno...
Todo le resultaba extraño, tenía la sensación de que algo bueno iba a conocer hoy, quizás una parte de él que nunca pudo encontrar. Desde que Nunca Jamás se industrializó ya nada era lo mismo, el paisaje había cambiado, ahora edificios altísimos se interponían cuando miraba por la ventana, si respiraba hondo, sus pulmones se llenaban de polución, el ruido de los coches le despertaba cada mañana a la misma hora, ya no había pájaros, la gente histérica corría de un lado a otro, gritándose si les rozaba al pasar... Pero Peter aprendió a vivir así, solo había un lugar donde él se sentía libre, un lugar que sobrevivió al masijo de hierros y cemento en el que se había convertido su querido Nunca Jamás, él lo llamaba el jardín secreto.
En ese lugar había conseguido encontrar la paz que perdió hace unos años, se encontraba en medio del caos de la ciudad y allí aprovechaba para leer, escuchar a los pocos pájaros que quedaban y tumbarse en el césped verde para dormir tranquilamente. Todos los días lo visitaba y pocas veces se encontraba con alguien, Peter tenía pocos amigos, muchos de ellos abandonaron Nunca Jamás por tristeza y los que quedaban no los veía apenas porque fueron capturados por la maldita rutina de una gran ciudad, esclavizados por un trabajo y por todo lo que eso conlleva.
Y ese jardín solo lo conocía su círculo más privado, por eso le llamó el jardín secreto.
Pero ese día era diferente, sabía que algo pasaría, había un ambiente demasiado tranquilo, un ambiente que le hizo recordar los buenos tiempos de Nunca Jamás, cuando aun había quien soñaba y se dejaba llevar por las ilusiones, cuando todo tenía colores vivos y la creatividad desbordaba las calles llenas de duendes, hadas y magos que hacían trucos impresionantes. Se sentó en el suelo y cerró los ojos, respiró ese aire empapado de positividad y se dejó llevar por su imaginación. Hacía tiempo que no lo hacía y le sentó muy bien, por unos segundos viajó al pasado y pudo ver como era su vida antes, cuando no estaba solo, cuando siempre estaba rodeado de gente relmente interesante, cuando tenía el amor cerca... Sabía que eso que veía no era la realidad pero no le importaba, necesitaba sentirlo aunque solo fuera una ilusión.
Peter abrió los ojos y tenía la sensación de que había viajado miles de kilómetros, al principio veía todo borroso, no podía enfocar bien pero sabía que no estaba solo. Alguien estaba enfrente de él observándole detenidamente... No se equivocó. Delante de él había una persona, no le conocía de nada pero sabía que podía confiar en él.
Se miraron durante unos segundos y cuando Peter recobró la vista del todo pudo observar la belleza de ese ser, sus ojos eran pequeños pero con una mirada intensa, no era demasiado alto, vestía unas ropas que hacía tiempo que no veía, y el gesto de su cara le era demasiado familiar aunque sabía perfectamente que era la primera vez que le veía. Peter no se pudo contener y comenzó a hablar con él.
- ¿Quién eres?
- Me llamo Pan
- ¿Pan? Jamás pensé que hubiera alguien con ese nombre...
- Te equivocas, me llevabas esperando mucho tiempo. Pero nunca aparecí. Digamos que soy la parte de ti que te falta para sentirte completo...
- ¿Acaso te conozco?
- No, me estás conociendo ahora. Y jamás te abandonaré. He venido para llevarte conmigo.
- ¿A dónde?
- Al lugar donde nunca debiste marchar.
- Pero yo siempre he vivido aquí...
- Eso crees, pero tú no perteneces a este sitio. Eres demasiado especial como para que tengas que envejecer en un sitio como este. Te llevaré a mi casa, vivirás conmigo, me enseñarás todo aquello que guardas dentro de ti y yo compartiré contigo mi esencia, todo lo que tengo... Tenemos que recuperar todo el tiempo perdido...
- Pero... ¿dónde está tu casa?
- Allí arriba.
-¿Vives en una nube?
- Sí. Y esa será tu casa a partir de ahora.
Peter no daba crédito, siempre había escuchado hablar de Peter Pan pero jamás imaginó que Peter Pan era la fusión de él mismo con esa persona a la cual no conocía pero que con solo mirarla se sentía libre.
Pan le tendió la mano y Peter sin pensárselo dos veces se la dio.
-Peter, siempre ha habido otro mundo pero tú te negaste a verlo. Por eso yo tardé tanto en aparecer, me lo pusiste difícil. Pero hoy has descubierto que entre toda la miseria que existe en el mundo real hay detalles en los que sacar algo de belleza. Ahora cierra los ojos y viajemos juntos...
Peter cerró los ojos, una sensación de felicidad e ilusión le recorrió todo el cuerpo. Su vida pasó ante sus ojos de nuevo, pero más que imágenes eran sensaciones y ahora las estaba compartiendo con Pan, alguien que tenía que conocer y del que había decidido no volverse a separar.
Nunca Jamás había quedado atrás para empezar una nueva vida en una nube. Peter continuaba con los ojos bien cerrados experimentando el vértigo que le daba subir tan alto... Cuando estaba a punto de llegar algo ocurrió... de repente su mano se soltó de la de Pan y cayó en picado hacia el suelo. Peter no veía nada, intentaba abrir los ojos desesperadamente pero era incapaz, solo tenía esa sensación de vacío y de terror que le producía esa caída tan horrible.
De pronto Peter pudo abrir los ojos... estaba en su habitación, había silencio, estaba amaneciendo y el sol se dejaba ver por entre las cortinas... Una lágrima le caía por la mejilla, miró a su alrededor y veía todo tal cual lo había dejado anoche, la ropa tirada en el suelo, una botella de agua en la mesilla y al lado de la botella un libro. El título: Peter Pan en el país de Nunca Jamás...
Todo le resultaba extraño, tenía la sensación de que algo bueno iba a conocer hoy, quizás una parte de él que nunca pudo encontrar. Desde que Nunca Jamás se industrializó ya nada era lo mismo, el paisaje había cambiado, ahora edificios altísimos se interponían cuando miraba por la ventana, si respiraba hondo, sus pulmones se llenaban de polución, el ruido de los coches le despertaba cada mañana a la misma hora, ya no había pájaros, la gente histérica corría de un lado a otro, gritándose si les rozaba al pasar... Pero Peter aprendió a vivir así, solo había un lugar donde él se sentía libre, un lugar que sobrevivió al masijo de hierros y cemento en el que se había convertido su querido Nunca Jamás, él lo llamaba el jardín secreto.
En ese lugar había conseguido encontrar la paz que perdió hace unos años, se encontraba en medio del caos de la ciudad y allí aprovechaba para leer, escuchar a los pocos pájaros que quedaban y tumbarse en el césped verde para dormir tranquilamente. Todos los días lo visitaba y pocas veces se encontraba con alguien, Peter tenía pocos amigos, muchos de ellos abandonaron Nunca Jamás por tristeza y los que quedaban no los veía apenas porque fueron capturados por la maldita rutina de una gran ciudad, esclavizados por un trabajo y por todo lo que eso conlleva.
Y ese jardín solo lo conocía su círculo más privado, por eso le llamó el jardín secreto.
Pero ese día era diferente, sabía que algo pasaría, había un ambiente demasiado tranquilo, un ambiente que le hizo recordar los buenos tiempos de Nunca Jamás, cuando aun había quien soñaba y se dejaba llevar por las ilusiones, cuando todo tenía colores vivos y la creatividad desbordaba las calles llenas de duendes, hadas y magos que hacían trucos impresionantes. Se sentó en el suelo y cerró los ojos, respiró ese aire empapado de positividad y se dejó llevar por su imaginación. Hacía tiempo que no lo hacía y le sentó muy bien, por unos segundos viajó al pasado y pudo ver como era su vida antes, cuando no estaba solo, cuando siempre estaba rodeado de gente relmente interesante, cuando tenía el amor cerca... Sabía que eso que veía no era la realidad pero no le importaba, necesitaba sentirlo aunque solo fuera una ilusión.
Peter abrió los ojos y tenía la sensación de que había viajado miles de kilómetros, al principio veía todo borroso, no podía enfocar bien pero sabía que no estaba solo. Alguien estaba enfrente de él observándole detenidamente... No se equivocó. Delante de él había una persona, no le conocía de nada pero sabía que podía confiar en él.
Se miraron durante unos segundos y cuando Peter recobró la vista del todo pudo observar la belleza de ese ser, sus ojos eran pequeños pero con una mirada intensa, no era demasiado alto, vestía unas ropas que hacía tiempo que no veía, y el gesto de su cara le era demasiado familiar aunque sabía perfectamente que era la primera vez que le veía. Peter no se pudo contener y comenzó a hablar con él.
- ¿Quién eres?
- Me llamo Pan
- ¿Pan? Jamás pensé que hubiera alguien con ese nombre...
- Te equivocas, me llevabas esperando mucho tiempo. Pero nunca aparecí. Digamos que soy la parte de ti que te falta para sentirte completo...
- ¿Acaso te conozco?
- No, me estás conociendo ahora. Y jamás te abandonaré. He venido para llevarte conmigo.
- ¿A dónde?
- Al lugar donde nunca debiste marchar.
- Pero yo siempre he vivido aquí...
- Eso crees, pero tú no perteneces a este sitio. Eres demasiado especial como para que tengas que envejecer en un sitio como este. Te llevaré a mi casa, vivirás conmigo, me enseñarás todo aquello que guardas dentro de ti y yo compartiré contigo mi esencia, todo lo que tengo... Tenemos que recuperar todo el tiempo perdido...
- Pero... ¿dónde está tu casa?
- Allí arriba.
-¿Vives en una nube?
- Sí. Y esa será tu casa a partir de ahora.
Peter no daba crédito, siempre había escuchado hablar de Peter Pan pero jamás imaginó que Peter Pan era la fusión de él mismo con esa persona a la cual no conocía pero que con solo mirarla se sentía libre.
Pan le tendió la mano y Peter sin pensárselo dos veces se la dio.
-Peter, siempre ha habido otro mundo pero tú te negaste a verlo. Por eso yo tardé tanto en aparecer, me lo pusiste difícil. Pero hoy has descubierto que entre toda la miseria que existe en el mundo real hay detalles en los que sacar algo de belleza. Ahora cierra los ojos y viajemos juntos...
Peter cerró los ojos, una sensación de felicidad e ilusión le recorrió todo el cuerpo. Su vida pasó ante sus ojos de nuevo, pero más que imágenes eran sensaciones y ahora las estaba compartiendo con Pan, alguien que tenía que conocer y del que había decidido no volverse a separar.
Nunca Jamás había quedado atrás para empezar una nueva vida en una nube. Peter continuaba con los ojos bien cerrados experimentando el vértigo que le daba subir tan alto... Cuando estaba a punto de llegar algo ocurrió... de repente su mano se soltó de la de Pan y cayó en picado hacia el suelo. Peter no veía nada, intentaba abrir los ojos desesperadamente pero era incapaz, solo tenía esa sensación de vacío y de terror que le producía esa caída tan horrible.
De pronto Peter pudo abrir los ojos... estaba en su habitación, había silencio, estaba amaneciendo y el sol se dejaba ver por entre las cortinas... Una lágrima le caía por la mejilla, miró a su alrededor y veía todo tal cual lo había dejado anoche, la ropa tirada en el suelo, una botella de agua en la mesilla y al lado de la botella un libro. El título: Peter Pan en el país de Nunca Jamás...
domingo, 16 de agosto de 2009
crying ligth
Hubo una vez alguien que lloraba cada vez que veía la luz del día. Todo el mundo se preguntaba el porqué de tan extraño suceso, pero ni siquiera él sabía responder a esa pregunta. Al principio creía que era un simple hecho fisiológico, sus ojos se irritaban cada vez que el sol salía y eso provocaban sus lágrimas pero había algo más, no solo estaban las lágrimas sino que dentro suyo sentía una emoción extraña, era una mezcla de melancolía, tristeza y felicidad extrema... Lo notaba desde que los primeros rayos de luz se asomaban por la ventana, aunque estuviera durmiendo esa desconocida sensación se apoderaba de él sin previo aviso, recorriendole todos los palmos de su cuerpo, a veces sudoroso por los nervios que le provocaban tal suceso.
Esa sensación le despertaba completamente abriendo los ojos de par en par, no había recuerdos, no sentía una emoción específica, era todo caos, desequilibrio, intensidad... Cuando eso le pasaba, se quedaba quieto tumbado en la cama, rígido con los ojos bien abiertos mirando hacia el techo, disfrutando cada segundo de ese momento surrealista, respirando ese aire cargado de misterio, sintiendo el frío intenso de sus gotas de sudor recorriéndole la frente, la cara...
No parapadeaba, en sus ojos se reflejaba la mirada de alguien con mucho mundo recorrido, se podían leer sus miedos, sus frustraciones, sus ambiciones... todo, se podía leer hasta el último secreto escondido en sus entrañas. Pero allí no había nadie para verlo, todo su ser se quedaba limitado en ese espacio cerrado, no trascendía más allá de esas cuatro paredes, todo quedaba en la intimidad de su propia mente. Él desconocía que su esencia se estuviera derramando por esa habitación, simplemente estaba inmerso en su propio mundo...preguntándose mil veces el porqué de lo que estaba pasando, el porqué de sus lágrimas cada vez que amanecía y por qué no podía controlarlo.
Un día rompió su silencio, hizo pública su desdicha para ver si alguien podría ayudarle pero nadie supo hacerlo. asistió a especialistas, habló con médicos, psiquiatras... pero nadie le daba una respuesta a su pregunta. ¿Por qué lloro cuando amanece? ¿Qué tienen la luz del sol que hace que me emocione de esa manera?
Decidió visitar a un druida, era un personaje exótico, extravagante y muy peculiar al que conoció en uno de esos viajes que hacía por el mundo. La casualidad quiso que ese druida estuviera en su ciudad en ese momento. Habló con él y le contó lo que le pasaba, necesitaba respuestas y quizás él debido a su extrema sensibilidad podría dárselas, pero el druida lejos de darle una respuesta específica simplemente le dijo: Busca en ti. Esas respuestas que buscas las encontrarás dentro tuyo, viaja por tu mente, intenta recordar cosas del pasado, sensaciones, situaciones... algo que te haya hecho daño o al contrario, que te haya hecho muy feliz. Sé que puedes, eres un ser privilegiado.
Volvió a su casa decepcionado por lo que le había dicho el druida, ¿cómo iba a buscar dentro suyo? ¿Qué tipo de locura es esa? Ni siquiera podía controlar su pulso cuando eso le pasaba, su mente se quedaba en blanco, es imposible que pueda tener la frialdad de ponerse a recordar viejos tiempos. además, ¿de qué serviría? Siempre estuvo en contra de estancarse en el pasado, hubo un momento de su vida que decidió no mirar nunca para atrás, le daba impotencia recordar buenos tiempos porque sabe que no se repetirían y le causaba dolor recordar los malos momentos pasados... Así que no iba a traicionarse a él mismo solo porque ese loco le hubiera dicho que así encontraría solución a sus dudas, además, pensó, que tampoco veía nada malo en esas experiencias matutinas, solo eran unas cuantas lágrimas y una intensa sensación de vacío que incluso le aportaba placer. Así que esa noche se fue a dormir tranquilo y sin preocuparse por lo que le pasara a la mañana siguiente.
Aun no había amanecido, quedaban apenas unos minutos y él ya estaba despierto, era raro... nunca se despertaba en plena noche y menos desde que le ocurrían esos extraños sucesos... no estaba nervioso, ni espectante... todo lo contrario, estaba tranquilo, su respiración era suave, daba la sensación de que se iba a dormir en cualquier momento, pero estaba consciente. Miraba hacia la ventana fijamente, las cortinas estaban sujetas con un cordel por lo que se veía el cielo perfectamente, un cielo que poco a poco se iba iluminando hasta que el primer rayo de sol entró directamente por la ventana hasta llegar a su rostro. En ese momento se dio cuenta de que algo había cambiado... ya no había escalofríos, ni gotas de sudor por su frente, tampoco esa extraña sensación recorriendole el cuerpo, ni siqueira estaba rígido... simplemente no sentía nada... era un vacío que nunca antes había experimentado, pero las lágrimas volvieron a asomar. Esta vez las lágrimas eran más abundantes y además iban acompañadas de un llanto terrorífico, no podía dejar de llorar, su cara estaba completamente empapada y apenas podía articular palabra. Normalmente esas lágrimas desaparecían en pocos minutos, pero esta vez estaban tardando más de la cuenta, no entendía nada. Además echaba de menos esa sensación que le acompañó durante tantos meses...
Sin parar de llorar y con unas grandes gafas de sol para ocultar sus lágrimas, corrió a visitar al druida de nuevo, asustado por esta nueva condición. El druida esta vez, nada más verle se impresionó y en cuanto se quitó las gafas de sol ni siquiera pudo reaccionar, sin decir si una sola palabra le miró fijamente a los ojos con un gesto confuso, casi indescifrable... Después de unos segundos interminables el druida tragó saliba y con un hilo de voz le dijo: Eres un ser especial, estás solo en el mundo, siempre lo has estado pero puede cambiar. Solo esfuérzate, lucha por esa persona en la que piensas todas las noches... esa es la única forma en que dejarás de llorar cada amanecer.
De pronto su llanto cesó, no daba crédito a las palabras que acababa de escuchar, ¿cómo sabía que pensaba en alguien todas las noches? el druida se dio la vuelta y se adentró en una habitación cerrando la puerta a su paso.
Quizás tuviera la solución en sus manos pero no le daba credibilidad a lo que el druida le había dicho. Sin embargo, después de meditar durante unas horas sentado en el alféizar de su ventana y con el cenicero lleno de colillas, se dio cuenta de que realmente lo que tenía era un miedo atroz a decirle a esa persona todo lo que sentía por miedo al rechazo. El druida le había abierto una puerta y él tenía que sacar el valor para cruzarla. Todo dependía de él.
A media noche no pudo resistir la tentación de probar lo que el druida le había aconsejado y sin pensarlo llamó por teléfono a esa persona que tanto deseaba, no podía creer lo que estaba haciendo pero no soportaba la idea de amanecer lleno de lágrimas de nuevo. Una voz susurró un "hola" al otro lado del teléfono, su voz sonaba dormida, quizás le había despertado, pero eso no importaba, con la voz algo temblorosa le pidió que fuera hasta su casa, tenía algo que decir.
La espera fue infinita, no se movió de la ventana hasta que no vio a esa persona aparecer a lo lejos, caminando con su característica timidez, le podía ver hasta el gesto dormido de su cara.
Cuando abrió la puerta y se encontraron frente a frente, él no sabía como reaccionar. Estaba algo pálido, aturdido... serían las dos de la madrugada y el silencio inhundaba toda la casa. Lo único que se atrevió a decirle fue: Quiero que me veas despertar.
Su deseo fue cumplido, ambos se quedaron dormidos en el sofá rodeados de revistas de música, ceniceros llenos de colillas y de fondo una música suave, con la cual se quedaron profundamente dormidos con las manos rozándose.
El día amaneció nublado y ambos durmieron más de la cuenta, ya había amanecido hacía unas horas y cuando él se despertó se desanimó al ver que el cielo estaba completamente tapado y sus ojos estaban secos. Su intención de que esa persona estuviera allí cuando la cadena de sucesos comenzara se dio al traste, se quedó despierto observando como dormía la persona que más quería en silencio, se dio cuenta de que sus manos se estaban rozando y un escalofrío recorrió su cuerpo, la tenía a su lado, como siempre deseó, rozó su piel con cuidado de no despertale, se acercó poco a poco a su cara para no perderse ni un solo gesto, para sentir que estaba dentro de sus sueños y en ese momento, esa persona abrió los ojos y se encontró con la mirada más bella que había visto en su vida. Ambos se paralizaron, disfrutaron unos segundos de una sensación desconocida para los dos. Las lágrimas volvieron a aparecer, pero esta vez no había vacío, ni confusión, todo lo que estaba experimentando era claridad, estabilidad, comenzaron a brotar miles de recuerdos, paseó por su pasado sin miedo, sin dolor... volvió a sentir sensaciones pasadas, recordó a sus amigos de la infancia, a sus padres, a la ciudad donde nació y a la que hacía años que no pisaba, recordó a su primer amor, a su primera ruptura, a la perdida de un ser querido...
Mientras él estaba inmerso en sus recuerdos, la persona que tenía enfrente descubrió su esencia. Siempre le vio como a un simple amigo con el que se sentía libre cuando hablaba, pero en ese momento se dio cuenta de que realmente no conocía nada de él y que lo que estaba viendo era de una pura sensibilidad y armonía... Sin pensarlo acercó su mano a su rostro y le secó sus lágrimas con dulzura. Las lágrimas cesaron y él volvió en sí encontrándose con la mirada amable del amor de su vida, sonrió y recordó las palabras del druida que le salvaron la vida.
Las lágrimas era el resultado de su negativa a recordar su pasado, por negarse a aceptar de donde venía, por romper con todo y no atreverse a amar ni dejar que el resto de personas vieran lo que guardaba en su interior. ahora entendía todo, ahora todo el caos que llevaba sufriendo tantos meses, tantos años se habían organizado y las lágrimas que volvieron a nacer en sus ojos fueron por la alegría de tener a la persona que amaba durante todos los amaneceres de su vida.
Esa sensación le despertaba completamente abriendo los ojos de par en par, no había recuerdos, no sentía una emoción específica, era todo caos, desequilibrio, intensidad... Cuando eso le pasaba, se quedaba quieto tumbado en la cama, rígido con los ojos bien abiertos mirando hacia el techo, disfrutando cada segundo de ese momento surrealista, respirando ese aire cargado de misterio, sintiendo el frío intenso de sus gotas de sudor recorriéndole la frente, la cara...
No parapadeaba, en sus ojos se reflejaba la mirada de alguien con mucho mundo recorrido, se podían leer sus miedos, sus frustraciones, sus ambiciones... todo, se podía leer hasta el último secreto escondido en sus entrañas. Pero allí no había nadie para verlo, todo su ser se quedaba limitado en ese espacio cerrado, no trascendía más allá de esas cuatro paredes, todo quedaba en la intimidad de su propia mente. Él desconocía que su esencia se estuviera derramando por esa habitación, simplemente estaba inmerso en su propio mundo...preguntándose mil veces el porqué de lo que estaba pasando, el porqué de sus lágrimas cada vez que amanecía y por qué no podía controlarlo.
Un día rompió su silencio, hizo pública su desdicha para ver si alguien podría ayudarle pero nadie supo hacerlo. asistió a especialistas, habló con médicos, psiquiatras... pero nadie le daba una respuesta a su pregunta. ¿Por qué lloro cuando amanece? ¿Qué tienen la luz del sol que hace que me emocione de esa manera?
Decidió visitar a un druida, era un personaje exótico, extravagante y muy peculiar al que conoció en uno de esos viajes que hacía por el mundo. La casualidad quiso que ese druida estuviera en su ciudad en ese momento. Habló con él y le contó lo que le pasaba, necesitaba respuestas y quizás él debido a su extrema sensibilidad podría dárselas, pero el druida lejos de darle una respuesta específica simplemente le dijo: Busca en ti. Esas respuestas que buscas las encontrarás dentro tuyo, viaja por tu mente, intenta recordar cosas del pasado, sensaciones, situaciones... algo que te haya hecho daño o al contrario, que te haya hecho muy feliz. Sé que puedes, eres un ser privilegiado.
Volvió a su casa decepcionado por lo que le había dicho el druida, ¿cómo iba a buscar dentro suyo? ¿Qué tipo de locura es esa? Ni siquiera podía controlar su pulso cuando eso le pasaba, su mente se quedaba en blanco, es imposible que pueda tener la frialdad de ponerse a recordar viejos tiempos. además, ¿de qué serviría? Siempre estuvo en contra de estancarse en el pasado, hubo un momento de su vida que decidió no mirar nunca para atrás, le daba impotencia recordar buenos tiempos porque sabe que no se repetirían y le causaba dolor recordar los malos momentos pasados... Así que no iba a traicionarse a él mismo solo porque ese loco le hubiera dicho que así encontraría solución a sus dudas, además, pensó, que tampoco veía nada malo en esas experiencias matutinas, solo eran unas cuantas lágrimas y una intensa sensación de vacío que incluso le aportaba placer. Así que esa noche se fue a dormir tranquilo y sin preocuparse por lo que le pasara a la mañana siguiente.
Aun no había amanecido, quedaban apenas unos minutos y él ya estaba despierto, era raro... nunca se despertaba en plena noche y menos desde que le ocurrían esos extraños sucesos... no estaba nervioso, ni espectante... todo lo contrario, estaba tranquilo, su respiración era suave, daba la sensación de que se iba a dormir en cualquier momento, pero estaba consciente. Miraba hacia la ventana fijamente, las cortinas estaban sujetas con un cordel por lo que se veía el cielo perfectamente, un cielo que poco a poco se iba iluminando hasta que el primer rayo de sol entró directamente por la ventana hasta llegar a su rostro. En ese momento se dio cuenta de que algo había cambiado... ya no había escalofríos, ni gotas de sudor por su frente, tampoco esa extraña sensación recorriendole el cuerpo, ni siqueira estaba rígido... simplemente no sentía nada... era un vacío que nunca antes había experimentado, pero las lágrimas volvieron a asomar. Esta vez las lágrimas eran más abundantes y además iban acompañadas de un llanto terrorífico, no podía dejar de llorar, su cara estaba completamente empapada y apenas podía articular palabra. Normalmente esas lágrimas desaparecían en pocos minutos, pero esta vez estaban tardando más de la cuenta, no entendía nada. Además echaba de menos esa sensación que le acompañó durante tantos meses...
Sin parar de llorar y con unas grandes gafas de sol para ocultar sus lágrimas, corrió a visitar al druida de nuevo, asustado por esta nueva condición. El druida esta vez, nada más verle se impresionó y en cuanto se quitó las gafas de sol ni siquiera pudo reaccionar, sin decir si una sola palabra le miró fijamente a los ojos con un gesto confuso, casi indescifrable... Después de unos segundos interminables el druida tragó saliba y con un hilo de voz le dijo: Eres un ser especial, estás solo en el mundo, siempre lo has estado pero puede cambiar. Solo esfuérzate, lucha por esa persona en la que piensas todas las noches... esa es la única forma en que dejarás de llorar cada amanecer.
De pronto su llanto cesó, no daba crédito a las palabras que acababa de escuchar, ¿cómo sabía que pensaba en alguien todas las noches? el druida se dio la vuelta y se adentró en una habitación cerrando la puerta a su paso.
Quizás tuviera la solución en sus manos pero no le daba credibilidad a lo que el druida le había dicho. Sin embargo, después de meditar durante unas horas sentado en el alféizar de su ventana y con el cenicero lleno de colillas, se dio cuenta de que realmente lo que tenía era un miedo atroz a decirle a esa persona todo lo que sentía por miedo al rechazo. El druida le había abierto una puerta y él tenía que sacar el valor para cruzarla. Todo dependía de él.
A media noche no pudo resistir la tentación de probar lo que el druida le había aconsejado y sin pensarlo llamó por teléfono a esa persona que tanto deseaba, no podía creer lo que estaba haciendo pero no soportaba la idea de amanecer lleno de lágrimas de nuevo. Una voz susurró un "hola" al otro lado del teléfono, su voz sonaba dormida, quizás le había despertado, pero eso no importaba, con la voz algo temblorosa le pidió que fuera hasta su casa, tenía algo que decir.
La espera fue infinita, no se movió de la ventana hasta que no vio a esa persona aparecer a lo lejos, caminando con su característica timidez, le podía ver hasta el gesto dormido de su cara.
Cuando abrió la puerta y se encontraron frente a frente, él no sabía como reaccionar. Estaba algo pálido, aturdido... serían las dos de la madrugada y el silencio inhundaba toda la casa. Lo único que se atrevió a decirle fue: Quiero que me veas despertar.
Su deseo fue cumplido, ambos se quedaron dormidos en el sofá rodeados de revistas de música, ceniceros llenos de colillas y de fondo una música suave, con la cual se quedaron profundamente dormidos con las manos rozándose.
El día amaneció nublado y ambos durmieron más de la cuenta, ya había amanecido hacía unas horas y cuando él se despertó se desanimó al ver que el cielo estaba completamente tapado y sus ojos estaban secos. Su intención de que esa persona estuviera allí cuando la cadena de sucesos comenzara se dio al traste, se quedó despierto observando como dormía la persona que más quería en silencio, se dio cuenta de que sus manos se estaban rozando y un escalofrío recorrió su cuerpo, la tenía a su lado, como siempre deseó, rozó su piel con cuidado de no despertale, se acercó poco a poco a su cara para no perderse ni un solo gesto, para sentir que estaba dentro de sus sueños y en ese momento, esa persona abrió los ojos y se encontró con la mirada más bella que había visto en su vida. Ambos se paralizaron, disfrutaron unos segundos de una sensación desconocida para los dos. Las lágrimas volvieron a aparecer, pero esta vez no había vacío, ni confusión, todo lo que estaba experimentando era claridad, estabilidad, comenzaron a brotar miles de recuerdos, paseó por su pasado sin miedo, sin dolor... volvió a sentir sensaciones pasadas, recordó a sus amigos de la infancia, a sus padres, a la ciudad donde nació y a la que hacía años que no pisaba, recordó a su primer amor, a su primera ruptura, a la perdida de un ser querido...
Mientras él estaba inmerso en sus recuerdos, la persona que tenía enfrente descubrió su esencia. Siempre le vio como a un simple amigo con el que se sentía libre cuando hablaba, pero en ese momento se dio cuenta de que realmente no conocía nada de él y que lo que estaba viendo era de una pura sensibilidad y armonía... Sin pensarlo acercó su mano a su rostro y le secó sus lágrimas con dulzura. Las lágrimas cesaron y él volvió en sí encontrándose con la mirada amable del amor de su vida, sonrió y recordó las palabras del druida que le salvaron la vida.
Las lágrimas era el resultado de su negativa a recordar su pasado, por negarse a aceptar de donde venía, por romper con todo y no atreverse a amar ni dejar que el resto de personas vieran lo que guardaba en su interior. ahora entendía todo, ahora todo el caos que llevaba sufriendo tantos meses, tantos años se habían organizado y las lágrimas que volvieron a nacer en sus ojos fueron por la alegría de tener a la persona que amaba durante todos los amaneceres de su vida.
jueves, 13 de agosto de 2009
...
Es difícil escribir cuando se lleva tiempo sin hacerlo, digamos que estos días serán de entrenamiento hasta que me llegue la inspiración de nuevo.
He llegado a esto del blog casi de casualidad, gracias a una personita que me ha devuelto las ganas de volver a escribir y a imaginar. Tan solo me han hecho falta dos días para comprender que sin las palabras soy un ser estéril, algo que leí me hizo ver la magia que pueden existir en simples frases, en palabras sueltas: "Vida" "Amor" ·María"... palabras que en sí mismas ya tienen un significado concreto para quien las lee. Por eso estoy aquí, por ese alguien que al igual que yo hemos ido enloqueciendo dentro de nuestra propia creatividad, que vemos las cosas desde otro punto de vista más ilógico para el mundo pero con tanta razón para nosotros... Quizás sean de las pocas personas que me mueven por dentro y que hacen que se despierten en mí las inquietudes que durante tantos meses estuvieron dormidas, y para mí eso es un logro que solo unos pocos pueden conseguir.
Tan solo me queda decirle: gracias.
Gracias por estar cerca de mí, por hacerme imaginar, por hacerme ver que puedo seguir creando y por enseñarme que aun hay personas en las que poder apoyarse aunque sea en la distancia y con palabras de por medio.
Continuaré leyendo el libro de "Amor"
He llegado a esto del blog casi de casualidad, gracias a una personita que me ha devuelto las ganas de volver a escribir y a imaginar. Tan solo me han hecho falta dos días para comprender que sin las palabras soy un ser estéril, algo que leí me hizo ver la magia que pueden existir en simples frases, en palabras sueltas: "Vida" "Amor" ·María"... palabras que en sí mismas ya tienen un significado concreto para quien las lee. Por eso estoy aquí, por ese alguien que al igual que yo hemos ido enloqueciendo dentro de nuestra propia creatividad, que vemos las cosas desde otro punto de vista más ilógico para el mundo pero con tanta razón para nosotros... Quizás sean de las pocas personas que me mueven por dentro y que hacen que se despierten en mí las inquietudes que durante tantos meses estuvieron dormidas, y para mí eso es un logro que solo unos pocos pueden conseguir.
Tan solo me queda decirle: gracias.
Gracias por estar cerca de mí, por hacerme imaginar, por hacerme ver que puedo seguir creando y por enseñarme que aun hay personas en las que poder apoyarse aunque sea en la distancia y con palabras de por medio.
Continuaré leyendo el libro de "Amor"
miércoles, 12 de agosto de 2009
THE END
Empezar desde el final, siempre quise experimentarlo y algunas veces lo he sufrido. Esta vez espero que salga bien, así que me despido de todos aquellos que me leeréis para poder pasar mucho tiempo juntos desde hoy.
Me despido hoy para saludaros mañana.
The end.
Me despido hoy para saludaros mañana.
The end.
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