Un día más... eso pensé cuando un domingo me desperté después de otra noche sin sustancia, otra noche igual que al resto de estos últimos meses o incluso años. Misma sensación de vacío, misma sensación de vértigo, de no saber a dónde ir, de querer escapar de una monotonía insaciable, de correr y correr hasta llegar al fin del mundo y gritar: ¡Estoy perdido!
Llevaba años con esa sensación metida en mi pecho, en mi cabeza... Estaba perdido porque no me comprendía a mi mismo, porque quizás no sabía qué es lo que quería, qué era lo que buscaba... ¿estabilidad o la total locura? Ojalá existiese esa mezcla para poder sentirme bien. Durante un tiempoo estuve buscando la estabilidad emocional, un esfuerzo perdido. nadie podía ofrecerme lo que con tanto énfasis necesitaba... Citas a ciegas, minutos perdidos, noches de bar, algunas de cama y yo seguía sintiéndome vacío.
Alguna vez intenté ilusionarme frustradamente, realmente me obligaba a mí mismo a aguantar cualquier cosa con tal de no sentirme solo. Una soledad que poco a poco yo fui escogiendo. Me sentía extraño, ¿por qué yo no puedo ser feliz? Era la pregunta que me hacía dentro de mí... ¿Por qué tanta superficialidad? ¿Por qué tanto egocentrismo? Llegué a pensar que no existía nadie dispuesto a compartir su lado más íntimo, su esencia... Que era normal construir un bloque de cemento para que nadie pudiera atraversarlo. Y así lo hice.
Entonces dejé de buscar esa estabilidad utópica y fui directo a la total locura. Mi vida comenzó a ser un caos, quería sentirme fuerte, quería descubrir esa parte superficial que está tan de moda, quería divertirme, no pensar en nada, aprovechar esos momentos de vacío para llenarlos con mierda, con personas que no quería estar, con momentos de alegría falsa... usé las noches para construir esa nueva personalidad que no me aportaría nada...
me dejé llevar por la nada... olvidé mi vida, mis ilusiones, mis sueños... apenas escribía, la música la transformé en un ruido insoportable, mis días eran iguales, cansados, repetitivos, amargos... Ni siquiera mis amigos o mi familia podía suplir esa sensación de pérdida, de abismo... ¿Hacia dónde iba?
Poco a poco fui descubriendo que durante muchos años he sido un auténtico cobarde por no enfrentarme a mis miedos, por no haber sabido aprovechar esos momentos de soledad para encontrarme a mí mismo, por estar contento con lo que soy...
Perdí la fe en las personas, odiaba lo material, el dinero, la gente me provocaba rechazo. Caminaba por la calle y solo veía a moles de personas caminando sin nada que decir, sus miradas eran oscuras, tristes... frías... Odiaba eso. Estaba convencido que jamás encontraría a alguien que se pareciese un poco a mí, que supiera disfrutar de esas pequeñas cosas, de los detalles de la vida, de una mirada o un simple roce con la mano. Entonces se quedó en un sueño.
Mis noches se volvieron rancias, sin sabor... y mis días los intentaba llevar de la mejor manera posible... En el fondo no habñia perdido del todo la esperanza... al menos me quedaban mis sueños... Al menos conservaba mi imaginación, mi creatividad, empecé a usar mi locura para poder continuar vivo, para poder seguir sintiendo. Eran mis únicas reservas para poder subsistir...
Hasta ese domingo.
Ese domingo en el que como tantas veces me senté frente al ordenador para sumergirme en otros mundos, para evadirme de la realidad... pero sin ninguna expectativa de que allí fuera a encontrar a la persona que me cambiaría la forma de ver el mundo.
Solo bastaron siete horas para darme cuenta de que la persona que yo tanto busqué existía. Era real, estaba ahí, en algún lugar del mundo... lejos, pero estaba,.
Al principio sentí incredulidad... supongo que era el miedo de enfrentarme a la realidad, la realidad de mis sueños... Estaba ahí, mediante íbamos hablando yo iba creciendo, la esperanza apareció de golpe y confié en que esta vez sería la verdadera. Algo me decía que no me estaba equivocando... Siempre pensé que hay una persona perfecta para cada uno, algunos nunca llegan a encontrarla, otros como yo, sí que lo hacemos. Y a pesar de la distancia pasajera, se que voy a poder compartir mi mundo con ella.
Lo sé porque en apenas unos días se ha convertido en un trozo de mí, en alguien necesario para continuar, lo sé por sus palabras, porque confío en él, porque es especial, porque ha hecho de mis días momentos mágicos, porque gracias a él he vuelto a confiar en la vida, en la bondad, en las buenas energías... porque con solo oír su voz mi corazón da un vuelco y late con más fuerza. Porque quiero que esté conmigo, porque su sonrisa es la más bonita del mundo y su mirada me hace soñar.
Simplemente lo sé.
Y ahora, mi sueño, es poder rozarle la mano cuando esté a mi lado.
Lo conseguiremos.
viernes, 30 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
